Tomado de El Productor Año 10 No 7 del 31 de julio de 2019
Por: Gabriel Oquendo Lobaina.
El proceso de extensión de tecnologías, se convierte en uno de los problemas técnicos más complejos, especialmente en la esfera agropecuaria, donde a diferencia de otras ramas de la ciencia, los cultivos y animales se enfrentan a una infinita diversidad de condiciones que van desde la heterogeneidad ambiental, hasta las de tipo socio-políticas y económicas. Por la importancia de esta temática, el Instituto de Investigaciones de Pastos y Forrajes la incluye entre sus líneas de investigación.
A continuación mostramos algunas causas que inciden en que las buenas intenciones de extender una tecnología terminen en el fracaso.
• Se ofertan servicios de extensión sin realizar estudios o diagnósticos previos.
• No se considera el empirismo campesino o se desconocen aspectos sociológicos o antropológicos de la vida rural.
• El extensionista desconoce los hábitos y costumbres de los productores o se distancia tanto de ellos que lo ven como algo extraño y lo rechazan o pierde credibilidad.
• No existen agentes extensionistas territoriales que se dediquen sólo a la extensión.
• Las tecnologías son impuestas por niveles superiores sin existir un interés previo por parte del productor.
• El extensionista es mal comunicador y teniendo respuestas correctas para los problemas del productor no sabe cómo trasmitírsela, o no utiliza los medios y métodos adecuados.
• Las tecnologías o propuestas no se adaptan a las condiciones, a pesar de ser aceptadas.
• Las tecnologías se adaptan y son aceptadas, pero no se enseña su dominio al productor.
• Se adapta, acepta y enseña su dominio al productor, pero no se sigue y evalúa su comportamiento.
• Se escogen campesinos o unidades líderes o demostrativas que son atendidos directamente y beneficiados por el extensionista, pero no se expande la tecnología a otros productores al no emplearse métodos participativos o de grupos organizados.
• Se ofertan tecnologías modernas que no tienen aseguramiento de insumos (semillas, técnicas,etc.).
• No hay correspondencia entre el precio de compra de los insumos que aseguren la tecnología y el precio de productos al mercado, siendo elevados los primeros y bajos los segundos.
• El productor duda del extensionista perdiend confianza tanto por su poca seriedad, como por sus fracasos con tecnologías precedentes.
• El extensionista carece de mística perdiendo el entusiasmo ante las complejidades de la extensión agropecuaria, o el poco apoyo que recibe en su labor.
• No están delimitados o perfeccionados los mecanismos de cobro o gratuidad de los servicios de extensión.
• Solo se ofrecen innovaciones o nuevas tecnologías a las grandes empresas del sector estatal olvidando los pequeños agricultores o familias rurales.
• Las innovaciones que se ofertan provienen de una planificación centralizada, generando una estrategia vertical y no horizontal.
• Los extensionistas no tienen formación integral proponiendo soluciones limitadas, faltándole un enfoque sistémico en el análisis de los problemas del medio rural.
• Los agentes de extensión no tienen la movilidad necesaria por falta de transporte para cubrir el territorio que atienden.
• No existen oficinas del extensionista, bien ubicadas y señalizadas que sean un atractivo para las consultas por los productores.
• Los programas de educación no incluyen la extensión agraria como asignatura en las diferentes enseñanzas técnicas, existiendo un ejército de técnicos y profesionales sin métodos eficaces para la asesoría a los productores.
• No existe un servicio de extensión único, son varios los que dan propuesta para un mismo problema y el productor no sabe a quién creer.