Otra de las entrevistas prometidas.
De seguro que cuarenta años atrás, cuando su infancia corría entre cultivos, árboles y animales de granjas de diversas especies, al amparo de su abuelo materno Manuel y de su papá, el pequeño Luís Enrique Pupo González, no imaginó que en el futuro, aquella finca donde inventaba a diario sus sueños, se convertiría gracias a su esfuerzo y al de su familia, en un centro reconocido de diversidad y que se relacionaría con destacados investigadores y productores de Cuba y del mundo.
El afán por preservar y desarrollar la diversidad animal y vegetal le llegó como legado de su abuelo y posteriormente de su padre, Maikel, como lo llaman en su casa, donde su nombre verdadero sólo aparece en documentos oficiales, decidió finalmente regresar a la tierra de su infancia, con el firme propósito de mantener vivas las tradiciones de sus ancestros y sacar del estancamiento a la finca en la cual había nacido. Antes había laborado en las FAR, donde se graduó de tecnólogo militar y en la ONIA donde se desempeñó como Jefe a nivel de municipio. Durante estos años había alternado esas labores con el trabajo en el campo, pero no satisfecho con lo que hacía, decide dedicarse por completo a las tareas agropecuarias.
Son muchas las razones que esgrime este reconocido campesino de Retrete, en el municipio de Banes, provincia de Holguín, para mantener y reproducir la diversidad, entre ellas destaca: la disminución de la incidencia de plagas en los cultivos, que causan daños diversos a estos y afectan sus rendimientos; el incremento de la satisfacción de las necesidades alimentarias del hombre y los animales con un mayor número de opciones y oportunidades de solución a los problemas; la contribución de la diversidad a una correcta regulación de los parámetros medio ambientales; el incremento de las fuentes de energía renovables; la protección y conservación de los suelos; así como mayores beneficios económicos y garantía de bienestar y espacios agradables para hombres y animales.
Mucho ha tenido que laborar, Luís Enrique, para lograr ser un paradigma en cuanto a diversidad se refiere, en sus casi 5 caballerías de tierra, en un terreno donde alternan zonas bajas y pequeñas elevaciones, situado en la costa norte de la provincia de Holguín. Mira hacia los campos con satisfacción y nos cuenta. “Hay que trabajar mucho y ser sistemático en las tareas para mantener la finca. Yo he trabajado bastante con los viveros, con técnicas de policultivo; he estudiado sobre el tema para buscar alternativas y opciones a favor de la diversidad de forma objetiva; me he dedicado a la búsqueda de semillas, de nuevas variedades dentro y fuera del territorio, me he vinculado a proyectos de investigación y he intercambiado con investigadores, extensionistas y otros productores nacionales e internacionales; además no he descuidado la superación a través de cursos y talleres, en materias de diversidad, producción de semillas, tecnologías alternativas, buenas prácticas, entre otros y he tenido un apoyo considerable de las organizaciones políticas y de masas, así como de las ONG vinculadas al sector agropecuario y forestal”.
Al interesarnos por la biodiversidad en la finca, nos sorprende tanta abundancia, pues en ella se han identificado 26 especies de frutas con 67 variedades; 8 especies de granos con 27 variedades; 14 especies de hortalizas con 48 variedades; 22 especies de condimentos y plantas medicinales; 7 especies de viandas con 24 variedades, 28 especies de flores, 6 especies de animales domésticos, agregando a esta la explotación de cangrejos para la alimentación, que merecen un comentario aparte, y más de 60 especies de árboles con diversos usos; pero la diversidad se extiende además a los distintos tipos de conservas, a la fabricación de vinos, a las tecnologías de conservación de los propios alimentos, a las tecnologías de uso y conservación del suelo, de producción de materia orgánica y producción de alimento animal, y a las tecnologías de los diferentes cultivos.
Al referirse a los estímulos y reconocimientos recibidos por su labor, considera que uno de los mayores estímulos está en la satisfacción del productor por los logros alcanzados en sus resultados productivos y en la calidad de la producción. Relaciona entre los estímulos por su labor: los reconocimientos en la TV, en la radio, en la prensa; que se tome su finca como referencia en materia de diversidad para el intercambio con investigadores y productores; a estos le suma el haber sido seleccionado como presidente de un órgano de base de la ACPA, así como la atención sistemática de la extensionista del municipio, Dalmarelys Rodríguez, que le ayudó y ayuda en su inserción y vinculación a programas y proyectos, que le han facilitado el acceso a tecnologías, conocimientos, eventos, semillas, nuevas variedades, entre otros.
Luís Enrique opina que no se labora pensando en estímulos o recompensas; pero entiende que se debe trabajar en este sentido para reconocer y divulgar el trabajo que realizan los productores, los logros que tienen y su contribución para resolver o satisfacer necesidades del pueblo; destaca que es importante que los productores puedan abrirse camino y relacionarse con otros productores de Cuba y del mundo con diversidad de situaciones y propuestas de soluciones; agrega que deben potenciarse oportunidades para profundizar en el conocimiento de tecnologías de producción; considera que se debe hacer un mayor esfuerzo para que lo relacionado con la estimulación moral y material sea más sistemático y se le dé el seguimiento que merece, por su aporte a la alimentación del pueblo que es un tema de seguridad nacional desde hace algunos años; estima que se debe estimular por los resultados y su incidencia en satisfacer las necesidades alimentarias de la población y finalmente, como algo vital, valora la necesidad urgente de mejorar y facilitar las posibilidades y vías de comercialización, para que los campesinos vendan sus productos en moneda nacional y en divisa.
La familia tiene sin lugar a dudas un papel importante en el trabajo que desarrolla este productor destacado, es digna de elogio la claridad que tiene Luís Enrique, sobre el enfoque de sistema en su finca y el desarrollo del trabajo en equipo de toda la familia, y de cómo se complementan ambos: enfoque sistémico y trabajo en equipo, para lograr el incremento y sostenibilidad de la diversidad. Para él es algo sumamente importante y toda la familia contribuye, cada uno aporta su granito de arena para lograr que no queden eslabones sueltos, el padre atiende los animales, él y su hijo trabajan la tierra, la madre garantiza la conservación de los excedentes productivos para su uso posterior, los niños colectan frutas, siembran, se vinculan a círculos de interés y participan en los intercambios y visitas.
Luís Enrique ha logrado desarrollar un trabajo serio y sistemático de seguimiento al tema de la biodiversidad en su finca, lo cual le ha permitido mantener en alto la tradición de sus ancestros. Le ha servido de mucho lo aprendido en sus años de infancia y adolescencia, cuando su abuelo y su padre lo introdujeron en este maravillosos mundo; lo fortaleció posteriormente el rigor de la disciplina militar que aún emplea en el perfeccionamiento y mejora continua de su labor, labor que se ha visto reforzada en la actualidad por su participación en proyectos como el Fitomejoramiento Participativo y el Programa de Innovación Agropecuaria Local, que han venido como anillo al dedo para complementar los intereses, inquietudes y visiones de este campesino que es un ejemplo a seguir, para demostrar que en la agricultura quedan muchas cosas buenas por hacer, que no dependen en gran medida de los recursos; sino de la voluntad, la inteligencia y la perseverancia de hombres y mujeres capaces. Las consignas que vimos en el portón de su finca, no son una arenga falsa; sino una realidad demostrada y en constante desarrollo.